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Sociedad. Al diván con Gabriel Rolón

"Creo que uno se hace el destino"

  • by Admin
  • 27 de Octubre, 2014

No duda en considerarse un fatalista. Y lo explica desde la historia de su nacimiento, ocurrido en la guerra y entre bombardeos. Símbolo de la moda y de la elegancia, define qué es la belleza: "La pureza".

Jueves, 19.30. Abro la puerta y me encuentro con un hombre de ojos claros y mirada profunda, de elegante porte y gesto amable. Lo invito a pasar. Le llama la atención mi colección de relojes de arena y me comenta que también los colecciona, que tiene algunos muy raros. Al parecer, lo fascinan los relojes y me dice que olvidó ponerse el suyo. Sonríe.

-Jamás salgo sin mi reloj, pero salí apurado y, cuando me di cuenta, ya era tarde. Y, como soy fatalista, decidí dejarlo así.

-Invito un café y pasamos al consultorio. ¿De algo no quiere hablar?

No se me ocurre. Si llega el momento, digo "no hablamos de esto".

-Me dijo que es fatalista, ¿qué quiso decir con eso?

Fatalista en este sentido: cuando una cosa no se dio es porque no tenía que ser. Por ejemplo, yo incluso duermo con reloj, pero como se me hacía tarde, entonces quiere decir que no tenía que traerlo porque hay uno acá (señala el reloj de arena que está en mi escritorio y se ríe).

-Parece que cree en el destino.

Sí, absolutamente. Creo que uno se hace el destino.

-A ver... ¿cómo es eso?

Hay gente que quiere y no puede. Otros que no piensan y les sale. Pero creo en el destino. Yo soy un superviviente.

-¿Por qué lo dice?

Cuando mi madre estaba embarazada de mí, de seis meses, en África, en Trípoli, hubo un bombardeo. Sonó la alarma y fueron todos al refugio. Eran 29 personas de la Casa de Gobierno.

-¿Qué hacía su madre ahí?

Mamá estaba con papá, que era militar. Era 1942, plena Segunda Guerra Mundial. Mamá contaba que en las primeras idas a los refugios todos llevaban alcohol y esas cosas a las que uno se aferra por si pasa algo. Y al estar ahí, ya la gente se acostumbra a todo. Entonces uno juega a las cartas, otro lee, otra borda. Ese día mi papá no estaba en Trípoli, estaba en Benghazi, y mi mamá estaba tejiendo algo para mí. De golpe mi madre se levanta y camina hacia un rincón sin saber por qué. En ese momento, cae una bomba perforante, que son las que van rompiendo y siguen explotando hasta llegar a la tierra, y destruyó el refugio dejando a todos sepultados. Una viga cayó, la cubrió y la protegió. Fue un horror, gritó. Pero ella sentía que no le había pasado nada. Primero tuvo alegría por haber salvado su vida, pero después comenzó el terror a quedar enterrada viva. Llamaron a papá por radio y él viajó toda la noche. Llegó a Trípoli y dijo: "Excaven, hay que excavar". Mi madre, cuando comenzó a oír ruidos, gritó para pedir ayuda. Excavaron hasta liberarla. Fue la única sobreviviente. Eran 29 personas; conmigo serían 30.

-Dos sobrevivientes, entonces.

Sí. Dos sobrevivientes. El resto, ni una uña. Eso fue a los seis meses de embarazo. El día que me paría, ocho bombas cayeron alrededor de la Casa de Gobierno. Mamá contaba que, cuando se oía la sirena de alarma, en las calles muchas mujeres llegaban a los refugios con bebés envueltos en frazadas pero algunas, de tanto correr, los perdían en el camino antes de llegar al refugio y otros llegaban mal. Quince días después de nacer yo, otra vez bombardeo, alarma, refugio; fue tal la desesperación de mamá que rodó por las escaleras conmigo en brazos. Papá no quería que yo naciera allá pero mamá no lo dejaba ni loca a mi viejo.

-¿Compañera o celosa?

No sé. Fueron como carne y uña. Eramos los tres muy unidos y muy amigos. Nos peleábamos, pero siempre por cuestiones de trabajo. Cuando mi mamá rodó por las escaleras aquella vez, mi papá dijo: "Ahora te vas, no voy a vivir pensando en bombardeos, así que te vas". A los 35 días de vida, hice mi primer viaje en avión, del Norte de Africa al Sur de Italia y de allí a Florencia.

-¿Hasta qué edad vivió en Italia?

Hasta los 5 años. Nací el 6 de octubre de 1942 y llegué a Argentina en el '48.

-¿Tiene memorias de la guerra?

Ninguna. Tengo recuerdos muy nítidos de Florencia, del jardín de infantes, del cine que vi. Adoraba al cine de chico. Vi a Shirley Temple, al Pato Donald, a Mickey y El hombre invisible.

-¿Y de ahí vino a la Argentina?

Vinimos a Buenos Aires porque el hermano mayor de mamá vivía en Rosario. Eran 15 hermanos, el mayor vivía en Argentina y quería que todos vinieran para acá. Fuimos los primeros en venir.

-Si le pido una fotografía de su infancia ¿qué imagen le viene?

Tengo las imágenes de Italia, cuando era chico, en la Piazza Della Signoria. Yo veía esas estatuas que me encantan: Bernini, el Neptuno, el Miguel Ángel.

-Cómo no ser artista...

Muchas veces pensé eso. Y después dije no, no tiene nada que ver. Italia es país de artistas, entiendo que hay muchos, pero si fuera así, serían todos artistas.

-¿Primera imagen de la Argentina?

Llegamos en enero, calor de morirse, y mi tío trajo de Rosario dos camiones. Teníamos doce baúles más valijas. Era muy chico, viví todo como una cosa normal. Descubría cosas y me encantaba.

-¿Qué hicieron sus padres al llegar?

Primero nos orientó mi tío, que tenía una empresa de transporte impresionante. Y a mi papá no le fue bien. Nos fuimos a vivir a Mar del Plata, hicimos viajes a Europa. Íbamos de visita para ver parientes. Y cuando volvíamos, las amigas de mamá, al ver lo que traíamos, decían: "qué lindo, ¿me lo vendés?". A los 16 años, dije: "¿Por qué no viajamos para traer cosas?". Estaban de moda blusas hechas de pañuelos. Trajimos pañuelos sueltos para armarlas, pero a veces los cortaban mal. Y mamá me dijo por qué no los cortaba yo. Conocí a una chica que cosía como los dioses. Con ella aprendí a cortar perfecto, aprendí eso que me encanta y que siempre fue el leit motiv de mi trabajo: la perfección. No tenía la fantasía de que mi futuro sería ese. Las clientes me fueron pidiendo cosas y así empezó mi camino. Pero dejamos Mar del Plata: mi mamá tuvo un ataque de asma. Vinimos a vivir a Buenos Aires, en Juncal y Uruguay. Enfrente había un edificio en el que terminaban la construcción de dos locales; yo miraba y decía: "No estaría mal". Nadie decía nada en mi casa. Un día pregunté: "¿Vieron esos locales?". Mamá y papá me dijeron que podrían ser interesantes. Era sábado y alquilamos el lunes. Hice mi primer traje de novia ahí. Al lugar no le puse Gino Bogani. Se llamó Alma.

-Alma, qué lindo nombre.

El nombre de mamá. Pensamos cómo lo íbamos a decorar, porque en casa éramos así, compinches. Y después me fui a vivir solo, donde vivo actualmente.

-¿A qué edad se fue a vivir solo?

Tendría 35, 36 años.

-¿Sus padres aún vivían?

Sí, Mamá murió en el '84 y yo estaba en Capri. Murió de golpe. Me llamaron por teléfono. Ella murió en julio.Estaba en Nueva York con una amiga y ella me hablaba siempre de un conocido suyo que era astrólogo. Yo respeto todo pero no soy muy esotérico, le tengo miedo. Porque si pienso mucho en algo, tac.

-¿Ocurre?

Casi siempre. Y ella me decía que me tenía que hacer la carta astral y yo no quería. Un día me llama del bar de abajo del hotel. Salgo y la veo con este tipo, que me pregunta a qué hora nací. Y yo, feliz de no saberlo. Me mira y me dice: "Debe haber nacido entre 2 y media y las 3 de la tarde". Al día siguiente, llamo a Buenos Aires, le pregunto a mamá a qué hora había nacido: "Tres menos cuarto de la tarde". Cuando oí eso, le dije a mi amiga que le pidiera a este hombre que me hiciera la carta astral. Cuando la tuvo lista nos juntamos. Yo no le daba ni una pista. Él hablaba y yo no lo podía creer. Me dijo un montón de cosas, entre ellas: "Va a estar al otro lado del mar, va a recibir un llamado y le van a decir que un pariente suyo murió". No pensé que podía ser mi madre o mi padre. Después, sigo viaje y llego a Capri. Suena el teléfono y me dicen: "Se murió tu mamá".

-¿Qué sintió?

Lo normal, uno llora, qué se yo. Llamo y hablo con papá y me dice: "No vengas, no llegás, la enterramos mañana. Quedate donde estás, hacé lo que tengas que hacer y venite". Al otro día me fui a Roma, a NuevaYork, hice todo lo que tenía que hacer rápido y me volví a Buenos Aires.

-¿Con qué sensación?

Como que no era cierto. Cuando llegué sentí que estaba contento de no haberla visto, no sé si me lo hubiese bancado.

-¿Verla muerta?

( Asiente) Pasan los años y se enferma mi padre. Se murió mamá pero quedaba papá. Se muere papá y no queda nadie...

-¿Cuántos años después de la muerte de su mamá murió su padre?

Veintipico de años. Cuando él empezó a estar mal, avisé que no iba a ir ni al velorio ni al entierro: no haber visto a mamá, no velarla, me dejó la sensación de no verla más, pero... ( se interrumpe).

-¿Como si se hubiera ido de viaje?

Exactamente. Entonces pedí que no me insistieran porque no iba a ir. Papá murió a las 2 de la tarde, estaba en casa, vinieron amigos, la gente más íntima.

¿Usted estaba con él cuando murió?

Sí. El vivía en su casa. Se volvió a casar, no pudo estar solo. Eran las 11 y media de la noche, me levanto y digo: "Tengo que ir a verlo". Estaba en su cama. Era como cuando se siente algo que está en el aire, no un espíritu ni una fantasía rara, pero sí una energía. Lo agarré, lo abracé, lo besé y me fui. Me erizo contándolo.

-¿Y sintió que no lo volvería ver?

No, porque sentí que él estaba esperando a que yo fuera. Estaba ahí. Cuando lo abracé y le di un beso, todo eso se acabó. Y sentí en mí una paz, lo viví. Me fui a mi casa, me levanté, me vestí, fuimos a enterrarlo y mi papá desapareció.

-¿Cuál fue su momento más difícil?

Tuve momentos difíciles en el trabajo, complicados, con empleados.

-(Lo interrumpo). No, emocionales. Un momento en el que haya estado angustiado, con mucho miedo.

Nunca tuve miedo. Mentiría si dijera eso: uno siempre tiene miedo de algo, pero nunca me sentí paralizado. ¿Miedo de qué? Me pasó lo que me pasó, mi mamá se murió y no la vi, pero fue de golpe. No viví pensando en que se iba a morir mi madre, entonces no tenía miedo. Lo acepté como una realidad, con dolor, no angustiado. No tengo esa sensación.

-¿Alguna vez se sintió solo?

Sí, era muy joven. Tendría 18 o 19 años. Sufrí muchísimo.

-¿Por amor?

Sí, por amor. Ella se casó, tuvo hijos enseguida. El otro día me llamó. Hubieron otras veces, pero como esa, nunca.

-¿Ha sido el amor un tema importante en su vida?

No. Viví momentos muy importantes, muy plenos y muy maravillosos. No hay nada más lindo que el estado de enamoramiento. Le di la importancia que necesita. Pero hay gente que no puede vivir sola. Yo puedo.

-¿Puede o le gusta?

No me gustan los compromisos. Si en este momento tuviera que estar con alguien al lado mío, no podría. Mi trabajo me ha dado tanto, me ha alimentado y enriquecido y nutrido todos los sentimientos, casi hasta sensuales, casi no, diría sensuales. No digo que supla al amor, porque nada puede suplirlo, pero tiene una parte muy halagüeña. Cuando uno adivina el parpadeo que a lo lejos... se acabó. Y yo soy muy sensual.

-¿Le gusta más el deseo que el amor?

El deseo es maravilloso y el amor es sublime.

-¿Prefiere ser amado o ser deseado?

Prefiero amar, pero no es fácil tener ese sentimiento de amor.

-No lo ha sido para usted, ¿no?

A lo mejor no lo cultivé. Me sería fácil, todavía ahora – se ríe.

-¿Cuál es la virtud que más valora?

La honestidad

-¿Y lo que más detesta?

La mentira.

-¿Qué es la belleza, Gino?

La pureza. Maravillosa cuando es pura, pero hay muchas cosas maravillosas. Entonces, muestro la hilacha. Ahí soné: me gusta esto y también me gusta esto otro, me gustan muchas cosas apasionadamente. A veces para el amor hay que ser fiel y no soy una persona infiel pero ante algo que me deslumbra, sucumbo.

-Decía Oscar Wilde, "sólo una cosa no puedo resistir... las tentaciones".

Pero las tentaciones sublimes. Me siento muy pleno. No podría hacer lo que hago si no tuviese un grado de vanidad.

-Pero no llega al narcisismo...

No. Los espejos son sólo para verme los defectos. A las mujeres les digo que se miren desnudas al espejo: se van a ver los defectos y las virtudes. Pero no para buscar errores en el cuerpo. La vanidad así, es un asco. Les digo a mis amigos que me avisen si me ven haciendo un disparate. Hago disparates para divertirme y ver las reacciones. Soy un poquito...

-Provocador

Sí, soy provocador. Siempre lo fui. De por sí, en la manera de vestirme. En eso me dieron libertad. No me decían "ponete lo que quieras". Yo decía "quiero ésto" y me decían "esperá". Me sentaba y esperaba. Y llegaba. Soy paciente, me encanta sentarme y esperar. A veces hay que esperar.

-¿Se sintió cómodo?

Yo, comodísimo.

-¿Prefiere que algo no salga?

No, si este soy yo. Los que me conocen no se van a sorprender. Y los que no me conocen sacarán sus conclusiones.


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